Después de tantas semanas sin escribir tengo que escribir una entrada tan difícil como es esta.
Cada día mueren millones de personas, todas y cada una de ellas con una familia, unos amigos, unos conocidos a los que dejan llorando en el mundo terrestre.
Todos sabemos que un día moriremos, y lo aceptamos de mejor o peor modo, pero parece que en nuestra mente nos cueste aceptar un poco que aquellos que nos rodean también pueden morir, y aún peor, pueden morir aún siendo niños.
Ayer llegué a casa como cada día, saludé me duché y cuando salí vi a mi madre que me esperaba "Ha muerto la hermana pequeña de tu amiga nos acaban de llamar" Me quedé inmóvil ¿Cómo podía morir una niña de 12 años? Es aún muy pequeña, a pesar, de que hay que aceptar que tenía una vida tortuosa.
Desde los cuatro años, esa niña desarrolló problemas motores que la inmovilizaron y la dejaron en una silla de ruedas y con problemas de desarrollo cognitivo. Pero, yo siempre la vi sonriente en su silla esperando a que su hermana saliese de clase, y de eso no ha pasado tanto tiempo.
No puedo llegar a imaginar lo que se siente, es decir, yo tengo un hermano, y a pesar de que nos llevamos como el perro y el gato, nos pegamos no insultamos y halla veces en los que desee ser hija única es mi hermano, lo quiera o no, y si el se fuese, no se que haría.
Quizás no sea malo, ha muerto, pero se ha liberado de aquella jaula que era su cuerpo y su mente. No creo en el paraíso ni en el más allá, pero sé que esté donde esté no pasará los sufrimientos que llegaría a pasar si siguiese viva en un futuro.
Una amiga de toda la vida, alguien a quien todos queremos y apreciamos de mayor o menor modo... no podemos dejar de pensar como lo estará pasando. En uno de los recreos de hoy escribimos una carta, pequeña y simple, sencillamente una carta de condolencias, pero es que me he dado cuenta de que es muy difícil escribir sobre perder.
Tan solo uno de los que me rodeaban entre aquel cúmulo de amigos de siempre podía saber a la perfección lo que se sentía. Él también perdió a su hermano cuando éramos pequeños. Recuerdo que debíamos de tener unos ocho u nueve años y que mi tía comentaba lo mal que lo estaba pasando la familia, por aquel entonces no entendí muy bien lo que estaba pasando, ni siquiera le di importancia, pero no es la primera vez que veo a este amigo recordar a su hermano, y ahora tras tantas lluvias sigue haciéndonos un nudo en la garganta cada mísero comentario.
Nadie sabe como aceptarlo, simplemente has de dejar sanar la herida, supongo que la cicatriz emocional quedará siempre, y quizás a veces que necesites desahogarte y llorar, pero no por llorar se soluciona.
No soy quien para decir nada, y quizás fuera mejor que me quedase callada, pero siempre he pensado que yo desearía que me despidieran sonriendo y no llorando. Es decir, si yo no puedo vivir, que vivan por mi.
Así que mientras me preparo para irme al funeral al que nunca imaginé que iría solo puedo decir una cosa:
LA VIDA ES CORTA, NO LA MALGASTES