Hace ya dos semanas que estaba preparando la fiesta sorpresa de 3 amigos míos. A pesar de las clases, los exámenes, las actividades extraescolares... conseguí sacar tiempo de donde no lo había y organizar lo que esperaba que fuese una fiesta perfecta.
Al principio todo iba bien, lucía el sol, hacía calor, todo parecía ir sobre la marcha... Se suponía que yo debía llevar a una de las cumpleañeras, a la que fue fácil convencer diciéndole que la llevaría a un sitio nuevo muy chulo, le puse una venda en los ojos para que fuese un lugar sorpresa y me encaminé al lugar de reunión. Mientras la esperaba ya me había encontrado con 3 compañeros, aunque me extrañó no haber visto a nadie más ya que era obligatoriamente necesario pasar por mi ubicación para ir al lugar de encuentro, pero no le dí mayor importancia. Así pues, me encaminé con ella y al llegar vi que solo estábamos esos 3 y nosotras, seguí dándole vueltas y vueltas esperando que llegase más gente, pero parecía que nadie iba a venir. Por fin, una hora más tarde, comienza a llegar la gente, mi amiga histérica porque no dejábamos de andar, ya se había dado con cada uno de los árboles del lugar y porque estaba hasta las narices de la venda. A uno de los cumpleañeros, además, hubo que destaparle la sorpresa ya que no quería salir de casa por nada del mundo.
Pues bien, una vez reunidos todos, de haber cantado el cumpleaños feliz y de haber sacado las cosas comienza a hacer un frío digno de Diciembre y a chispear. Decidimos irnos a detrás de unos matorrales ya que nos protegerían del viento. Todo bien. Pero claro, la paz no suele durar mucho y a los diez minutos, cuando ya teníamos todo el campamento desplegado de nuevo, comienza a llover, y a llover, y a llover aún más fuerte.
Nos encontrábamos en mitad de un parque, junto a la playa, así que no había ningún lugar para refugiarse. Lo más cercano era un escenario destartalado al otro lado de la playa, así que volvimos a recogerlo todo y salimos corriendo ya que estábamos calados y algunos muertos de frío.
Llegados a dicho lugar, y habiendo desplegado todo por tercera vez, comenzamos lo que debería ser la fiesta, aunque más se asemejó (al menos a mi) a un pequeño infierno.
El que no estaba rompiendo cristales estaba intentando romper un palo, el que no una silla, y otro un sofá. Había alguno intentado tirar abajo una puerta y otros 2 peleando con fluorescentes que andaban por allí tirados.
A pesar de mis advertencias de que ese lugar pertenecía al bar de al lado, siguieron a lo suyo. Yo, que me pongo nerviosa muy fácilmente intenté pararles con lo típico de "A que te arranco la cabeza como no pares" o "Como no dejes ese palo en el suelo te castro de una patada" aunque nadie pareció percatarse de mis advertencias. Como cada vez me sentía más angustiada comencé a contar (desde que iba a tercero o cuarto cuando me pongo nerviosa cuento números en voz alta, ya que, como es un ejercicio que tiene tu mente entretenida pero que no supone ningún esfuerzo, tranquiliza) pero ellos siguieron rompiéndolo todo. Una vez llegados al 400 (a partir del 300 conté mentalmente) comencé a leer un manga que le había regalado a uno de ellos para estar entretenida ya que cada vez me encontraba peor.
Pasada una hora más o menos, y cuando cada cual ya estaba a punto de romper el lugar en el que estaba, dos encargadas del bar salieron a darnos la típica reprimenda de "no podéis estar aquí" y todo eso.
La gran mayoría salió corriendo, y los 4 que no estábamos haciendo nada fuimos los que acabamos recogiéndolo todo ante la atenta mirada de las dos mujeres que no dejaban de despotricar contra nosotros.
Cuando volvimos a encontrarnos, y como estaba bastante enfadada, les recriminé su comportamiento, a lo que la subnormal de turno (la cual además no sé ni por qué vino ya que nadie la invitó) vino a decirme que me metiese en mis asuntos y que si tanto me molestaba me largase, y eso hice.
Acabé en una plaza, con un ataque de pánico, debido a la ira acumulada durante toda la tarde, que no me dejaba ni andar.
Dos amigas fueron las únicas que se dignaron a acompañarme al verme llorar mientras los demás se iban a una hamburguesería.
Tras unos 10 minutos fueron apareciendo, y yo seguía tirada en el suelo llorando.
Así fue, como después de dos semanas de esfuerzo, dedicación e ilusión, todo cayó en saco roto, ya que parecía que nadie había notado que se suponía que era una fiesta para estar todos juntos, y como yo, monté lo que fue la peor fiesta sorpresa de la historia.
Por cierto, yo no sé para que hago nada si después nadie se acuerda siquiera de mi cumpleaños, ni me regalan nada, ni siquiera queda nadie conmigo solo porque como es verano, o están de vacaciones, o en el pueblo o en nosedónde.
Esta será la última vez que me esfuerce en nada, si total, de que me sirve, la esperiencia me dice que es mejor quedarse al margen y pasar de todo como hace el resto. ¿De qué sirve ser una buena amiga? Nadie se da nunca cuenta de ello.
Esfuérzate para quien lo merezca y para ti misma, pero nunca pierdas la ilusión.
ResponderEliminarEn cuanto a los chicos, te darás cuenta de que aunque tengan tu edad, solemos ser más inmaduros que las chicas, esto es así.
Sé que te contesto tarde no, lo siguiente, pero bueno es que me quedé sin ordenador.
EliminarDe todos modos te agradezco el comentario y, cada vez me doy más cuenta de las diferencias que existen entre los cerebros femeninos y los masculinos n.n